Antonio Gaudí y el cine

El catalán Antoni Gaudí, uno de los mejores e incomprendidos arquitectos a caballo de los siglos XIX y XX, dotó a su fuerza creativa de unas formas estructurales tortuosas y plásticas quebradizas que rompieron moldes y crearon el estilo Gaudí, cuyas obras son de obligada visita para todo aquel turista que disponga de una mínima sensibilidad artística. Lamentablemente los que no la tienen también las visitan, como la catedral inacabada de La Sagrada Familia, que los barceloneses se empeñan en terminar, con lo que se ha acuñado la frase popular “como La Sagrada Familia” para todas aquellas acciones que no parecen tener final y cuyas torres en construcción siguen acompañadas por las altas grúas. Si está interesado en extender sus conocimientos sobre el tema acuda a una enciclopedia o a cualquier Web que los aficionados al artista han dedicado a sus múltiples facetas, incluidas la mística, la religiosa y la trágica, como lo fue su muerte, atropellado por un veloz tranvía, y su post-mortem, cuando finalmente su obra fue reconocida y acabó con la injusta ignorancia que se le aplicó en vida; actualmente la mínima referencia al artista describe que fue una figura principal del movimiento modernista, que ha sido el máximo arquitecto que ha tenido España y una de las primeras figuras mundiales del arte del siglo XIX. Sólo la fe en la reencarnación puede justificar que el propio artista pueda ver la veneración hacia su obra, aunque si la reencarnación es en otra persona, quizá no recuerde lo que fue en el pasado y por desconocimiento no se pueda aplicar una justa venganza. ¿Y qué tiene que ver Gaudí con el cine? Querido lector, se podrían escribir cientos de libros para responder a esa pregunta, pero para ir rápido, son pocas las películas que se ruedan en Barcelona que no recojan por acción u omisión alguna de sus obras, por no hablar de las miles de imágenes libres de derechos de autor que guardan en sus cámaras los turistas a su paso por la ciudad. Uno de los edificios más característicos de su arquitectura es el conjunto de dos casas de vecinos, la casa Milà, más conocida por La Pedrera, monumento nacional y declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, con la singular  fachada artística ondulante más fotografiada del continente y con una de las terrazas arquitectónicas más impresionantes en el mundo del arte. Su ático de extrañas pero bellas y sinuosas chimeneas, vio a la pareja imposible Jack Nicholson y Maria Schneider rodar en 1974 El reportero, del director italiano Michelangelo Antonioni. Treinta y tres años más tarde, en el verano del año 2007, Woody Allen rodó en esa misma terraza con la pareja, también imposible, Scarlett Johansson y Javier Bardem, en el mismo mes en que murió Antonioni a los 94 años; en el mismo día hubiera sido demasiado (y extra exagerado en el mismo lugar), pero para los aficionados a las artes paranormales podría existir un buen filón. Quizá Gaudí empieza a estar harto de que tantos se aprovechen de su nombre, los turistas pisen su obra sin respeto o profanen sus formas en actos de amor impuro, aunque sea en la ficción. La venganza de Gaudí, después de una vida sin gloria ni dinero.
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