El escritor ambulante

Una parte de escritores, por no decir la mayoría, no tienen en la promoción de sus obras una parte activa. En ocasiones porque quieren preservar su imagen pública para seguir siendo una cara poco conocida y así poder ir al cine, al restaurante o al super sin que te molesten. Entendemos aquellos escritores profesionales que viven de la escritura, lo que significa que han alcanzado cierta posición entre los mortales escritores y gozan de cierto reconocimiento en el mercado. Porque ser conocido y saludado por serlo puede tener unos inconvenientes que si bien al principio del escritor sí los busca para alimentar su vanidad, después pasan a ser exigentes para mantenerse en el podio de la popularidad y eso puede llegar a crear inquietud creativa por no decir crisis directamente. También los hay que prefieren alimentar su alma pública más que su alma literaria, y pueden publicar poco y estar más presentes en los medios hasta llegar al punto que por su fama es conocido pero nadie sabría decir qué ha escrito. Los escritores en general sueñan en escribir en paz, hacer presentaciones y promociones cortas y volver al porche para recuperar el espíritu de escribir, que es un espíritu contradictorio con respecto a lo que se escribe, que puede ser una especie de relación de amor y odio, pero por eso es adictivo. Incluso cada escritor podría representar en una gráfica su ritmo de escritor con unas líneas de coordenadas de electrocardiograma normal para ver cómo se alteran al final de la escritura, la publicación, la promoción y llegan al climax con la crítica de la obra para devolver a su estado habitual. Y podrían poner tiempo en la coordenada horizontal para saber si el ciclo se cumple en un año, un lustro o una década. Todo ello para reiterar que el escritor, una vez hecho la que considera su trabajo, escribir, prefiere que otros se encarguen de la promoción, pero a poder ser sin ellos, salvo que lo exija el contrato, que también son cláusulas que los editores interesa incluir. Por eso es de admirar que un escritor con un mercado muy potente y consolidado de lectores, haya accedido (si la idea no es suya sería más admirable) a subir en un Bus promocional con su imagen y la de su libro y se dedique a pasear por España para comentar su obra y tratar directamente con lectores o futuros lectores de la novedad editorial. Una especie de escritor ambulante que monta su puesto en cada pueblo y ciudad y muestra el género que pone a la venta. Esto durante semanas y recorriendo miles de kilómetros. Una gran idea que acabaría siendo redonda si el conductor fuera el editor.En tiempos de tecnología digital, volver al contacto directo de la mercancía, es dar al libro de papel un toque original, una nueva oportunidad y un homenaje. Admiración por Javier Sierra y su “El ángel perdido”.
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