Entrenadores de patio

Hay crónicas futbolísticas y equipos ganadores que se vanaglorian de sus triunfos a los que elevan a categoría de sensacional y fantástico. No hay duda de que lo que llamamos contraataque es una opción del juego de quién se considera inferior y cuya única opción es la defender como un muro y esperar a robar la pelota y correr más que el equipo que ataca y sorprenderle y acertar en el remate. Es la primera táctica que se enseña en cualquier cursillo de verano para entrenadores. Incluso los que completan un curso entero oficial lo aplican sin miramientos si les ficha un equipo modesto y sin recursos. Es más,  no hace falta ser entrenador para reunir a los jugadores y darles las consignas de la primitiva estrategia. Pero cuando es un equipo con jugadores millonarios y dominio del balón, desmerece que esa sea su única opción de juego, que los grandes jugadores aplican con efectividad dejándose dominar y correr como el que más cuando recuperan el balón en su propio terreno. Los más ineptos en los trances de este juego si fueran entrenadores no ignorarían la táctica que por si misma (con jugadores, claro) es capaz de ganar al mejor equipo del mundo con solo tener la pelota un treinta por ciento del tiempo de juego. En la foto tenemos a un grupo de entrenadores millonarios celebrando su triunfo e indicando con sus dedos el número mágico de su táctica de contraataque: Defender, robar y marcar.

Eso ya lo aprendimos en el patio de la escuela, sin entrenador, antes de saber que los entrenadores de fútbol de primeros equipos son los mejor pagados y sin dificultades de empleo, pueden hundir a un equipo con la táctica del contraataque y después de ser despedidos, encuentran trabajo rápidamente (y de lo mismo). Lo que se ahorrarían algunos equipos utilizando como entrenador al primero que pase por la calle. Eso sí, con la condición de haber jugado a fútbol en el patio de la escuela o en la calle, también sirve, aunque añada a la táctica el Penalty, saltar más en el córner, y pegar reiteradamente en la espinilla, que no sólo duele mucho, sino que desquicia al contrario, y eso es lo que más nos divertía, en el patio y en la calle, aunque parece ser que no forma parte del temario del curso de entrenador, sin embargo hay entrenadores que parecen haber llegado directamente del patio.

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