Josep Guardiola, gracias

Cuando uno se inicia en el deporte de equipo a través del fútbol, lo hace a temprana edad y busca referentes, héroes, con los que orientar y ejercer el deporte. Incluso orienta su situación en el campo según sea esa misma posición la ejecutada por el ídolo. Curiosamente si a lo largo de los primeros años se cambia de héroe, algo habitual en los niños, también se pide al entrenador el cambio de lugar en el campo, aunque en ocasiones ya no hay punto de retorno y si te has iniciado como defensa, ahí te quedas y sólo si tu cometido es meter goles y no los haces, tu carrera se reinventa a otra posición en el campo, el banquillo o la elección de otro deporte más individual. El fútbol es una de las primeras actividades en el mundo en la que se descubre el fracaso y la frustración y la manera de superar ese primer mal trago puede ser de gran influencia en tu futuro en la edad adulta. Ciertamente hay algo de cierto en ello que hace que entrenadores de jugadores infantiles, no todos, intenten inculcar la formación a los chicos a través de la actividad deportiva, siendo la prioridad la educación. Conceptos educativos sobre la victoria o la derrota, el equipo son todos, la felicitación al adversario, la generosidad con el compañero, la cultura del esfuerzo, el respeto al árbitro, el gol es un trabajo del conjunto y, en definitiva, el deporte es cultura y educación.
Desgraciadamente no es un objetivo fácil cuando los referentes profesionales no se comportan como tales y los héroes, jugadores y entrenadores, y la sociedad deportiva en la que ejercen su autoridad, no son modelos de imitación, así como los aficionados que con su emoción y dinero mantienen todo el tinglado. El ganar como única meta y a cualquier precio es la máxima en la que se sostiene el fútbol profesional y su espejo frente a los imitadores infantiles ejerce una mala influencia.
Por ello, cuando cíclicamente aparecen dignos modelos de juego creativo, respeto al contrario, esfuerzo solidario, acatamiento a los jueces, y educación hacia el deporte, de forma automática se construye su antagonista que como característica intrínseca es destruir más que crear y que no tiene vergüenza de utilizar la manipulación informativa y la mentira como armas principales para hundir el nuevo patrón de juego, dentro y fuera del terreno.
No forma parte del deporte. Forma parte de la educación, de la mala educación. Y el triunfo de ese mal nos demuestra que la esperanza disminuye mientras seguimos invirtiendo en armas y recortando en educación. En el fondo somos depredadores, pero somos los únicos que nos aniquilamos entre nosotros. Y con el fútbol aprendemos de pequeños que lo único que vale es salir del campo con el triunfo, que es lo único que tendrá éxito fuera de él.
A pesar de la realidad, gracias a toda la gente y a los entrenadores que todavía se esfuerzan en cambiar las cosas y en dar otro valor a la frase tópica: el fútbol es así.
Gracias, Josep Guardiola
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