La manipulación de la imagen

       El beso en Hôtel de Ville, Robert Doisneau, 1950

La manipulación de las imágenes no es un tema nuevo en el debate sobre la objetividad en la interpretación de la realidad. El principal ámbito sobre el que se basa es en la percepción de credibilidad de las imágenes por parte del receptor y la incapacidad de éste para hacer una lectura analítica, es decir, su capacidad crítica sobre lo que ve, una disposición activa para recibir e interpretar el bombardeo de informaciones visuales que le llegan. Forma parte de un alfabetismo de la imagen que tiene una prioridad relativa en las líneas educativas más preocupadas en erradicar el analfabetismo de lectura. Nos daremos cuenta de que si a pesar de los esfuerzos los índices de lectura son preocupantes, que no pasará con el sector imagen donde no basta verlas para entenderlas y valorar su contexto. Valga decir aquí que los esfuerzos personales de los educadores para corregir este parámetro son envidiables pero el sistema siempre va a remolque de la realidad.
Una imagen se puede manipular de muchas maneras. Desde el mismo momento de captura por parte del fotógrafo cuando selecciona el tema, el encuadre y punto de vista.Forma parte de una interpretación personal del autor que aplica su subjetividad a un instante de la realidad reproducida por la objetividad de la técnica fotográfica. También existe la posibilidad de que el fotógrafo intervenga en este momento para hacer venir bien los hechos a sus intereses. Ve una imagen que en una circunstancia podría existir pero no se ha producido ante la cámara. Por lo tanto, fabrica una puesta en escena para construir esta realidad, ya sea “el beso” de enamorados en Paris (Robert Doisneau) o la muerte de un miliciano en la guerra civil española (Robert Capa). Y fieles al ente de la imagen, siempre serán imágenes reales.
Otra variable es cuando esta imagen llega a la redacción y otros responsables intervienen en la selección de imágenes, re encuadres, pies de foto, redacción textual y compaginación, es decir, la interpretación por parte de otros que en cierto modo hacen un manejo de la imagen siguiendo intereses periodísticos, ideológicos, de mercado o de empresa. Y aquí una imagen se puede interpretar de manera diferente a la realidad o también no publicarla por intereses comerciales, como podría ser para no herir la sensibilidad de un anunciante del medio.
Por lo tanto, cuando llega al lector, la imagen ya ha sido cocinada a conveniencia.Entendemos que bajo su complicidad y aprobación, porque para eso compra o ve un determinado medio más cercano a su manera de entender las cosas y no otro, que hará interpretaciones diferentes a su pensamiento. Los lectores más críticos procuran valorar la misma información en diferentes medios y en consecuencia formar su propia opinión. Como requiere conocimiento, voluntad, tiempo y dinero, hacemos confianza a “nuestros medios” y firmamos lo acepto.
Este proceso que existe de siempre, se renueva con la incorporación de la era digital, la facilidad de captura de imágenes, la proliferación de medios digitales, la facilidad de manipulación de imágenes en edición, el acceso del aficionado a la red, y el colgar directamente las imágenes y hacer su interpretación. Todo lo que sigue en manos de los profesionales puede tener una línea paralela por parte de la gente digital que creyendo que tiene el mundo en sus manos, digamos red, sale de su anonimato y se convierte en autor entrando de lleno en el proceso. La multiplicación de fuentes, imágenes, interpretaciones y manipulaciones se multiplica a la enésima potencia y produce un ruido que contamina el habitual proceso de producción de la imagen. Cuando este ruido se rebaje, volveremos a confiar en nuestros medios para que nos cocinen las imágenes siguiendo la manipulación tradicional y no aquella fabricada por aficionados.
El problema viene cuando muchos de estos profesionales quieren competir con los aficionados y manipulan de manera burda imágenes para servir a los intereses editoriales y de sus lectores que, fieles a sus medios, mantienen la credibilidad. Es aquí cuando curiosa y afortunadamente los aficionados de la red forman la vanguardia para desenmascararlos porque, y esto es más preocupante, un cierto corporativismo impide a los mismos profesionales levantar alfombras. Seguramente porque tienen claro que nadie es libre de pecado y la mejor terapia es hacer caricatura, o porque la mayoría se produce dentro del ámbito deportivo o en los llamados medios amarillos y estos son una excelente cortina de humo, que dentro el ámbito comunicativo es la manera como se conoce la táctica de desviar la atención, como repetir obsesivamente Por qué?
También es cierto que el concepto de manipulación es interpretable y es la mala intención lo que lo hace despreciable. Tan sencillo como encontrar a alguien que lo reconozca.

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